Es una ciudad sucia, caótica, sorprendentemente ruidosa, huele muy mal, es vieja, sin infraestructuras, nada, y sin embargo me pareció una de las ciudades más bonitas que he visto nunca. Quizás fueron los edificios, de estilo colonial y destruidos por el paso del tiempo, quizás fueron los colores, tremendamente vivos y mezclados en todas partes, quizás fueron los olores, malos a veces, especiados otras, y seguro que fue la comida, picante y deliciosa.
Me cautivó su gente, que no tienen nada y con todo te sonríen cuando te ven, se ponen a hablar contigo, están más que dispuestos a ayudarte si te ven perdido, muchos te piden dinero, pero cuando no se los das siguen sonriendo, te miran con esos ojos enormes, oscuros y vivos, en esas caras de piel marrón preciosa, con ese pelo negro tan distinto a otros negros...
Es una ciudad muy pobre, hay mucha gente viviendo en la calle, había familias enteras que por la noche tenían que dormir en la calle, unos al lado de los otros, y cuando ves a dos niños de menos de 2 años durmiendo a pierna suelta en la acera de una calle mientras sus padres están también tan dormidos y cansados que no se enteran de si están a su lado o no se te rompe el corazón, te entra miedo de que alguien pueda llevárselos y que nadie se entere, para mí esa fue la viva imagen del desamparo más absoluto y doloroso que he visto nunca. Sentía un dolor físico en el centro del pecho. Dolía.
No es un lugar idílico, no es un lugar de belleza turística, no en nada de eso, pero algo en el aire, que no se puede explicar hace que te queden enganchado a esa sensación de querer ver y asimilar todo lo que te rodea sin tiempo a pensar en nada más, de querer volver y pasar más tiempo, sin billete de vuelta.
Conocimos a Santosh en el hotel, que nos decía que no nos fuéramos a la feria a trabajar, que estaba muy lejos, que era mejor que nos quedáramos a pasear por la zona, por el bazar, a disfrutar del día, y nosotras soñábamos con poder hacer eso y nos entraba la risa.
Aunque fuéramos de trabajo tuvimos tiempo de visitar algunos lugares, de callejear por barrios absolutamente increíbles en muchos sentidos, por la simpatía de la gente, por la falta total de higiene, por las casas imposibles... Vimos tiendas de tejidos maravillosas, tiendas de saris preciosos, a cada paso se me abría la boca de sorpresa.
Sólo pude ver una pequeña parte de la ciudad pero esta es la impresión que yo me llevé, esta es la ciudad que yo vi, esta es mi Mumbai.
Y esto es todo lo que vi.